Yahshua Al-Mashi-Yah
en Awya Yalá
A la llegada de los conquistadores europeos, los indígenas los adoraron porque los tenían como dioses según relata una antiquísima leyenda que dice que cuatro días después de su resurrección en Palestina, Jesucristo visitó a sus otras ovejas en las Américas y prometió regresar algún día.
Al desembarco de Hernán Cortés,
Moctezuma que los apodaba ‘Malinche’
creyó que era el dios Quetzalcóatl quien volvía!
—“Y a esta causa tenemos por cierto que sois los que nuestros antecesores nos dijeron que vendrían de donde sale el sol” — se lee en la crónica de Bernal Díaz del Castillo, página 254. El dios blanco y barbado de sus antepasados había venido por el este y por el este se había ido. También blanco y barbado era Viracocha, el dios bisexual de los Incas, y por eso a los españoles los apodaron ‘viracochas’ que significa gente aportada por el mar.
El Inca Titu Cusi Yupanqui en su obra Crónica de los VencidosPág. 128 relata que “decían que habían visto llegar a su tierra ciertas personas muy diferentes de nuestro habito y traje, que parecían Viracochas, que es el nombre con el cual nosotros nombrábamos antiguamente al Creador de todas las cosas diciendo Tecsi Huiracichan, que quiere decir principio y hacedor de todos; y nombraron de esta manera a aquellas personas que habían visto”. El Este era la cuna de los antepasados heroicos de los Mayas, también.
Muy tarde los indios
se dieron cuenta de que no eran los españoles los ‘Hijos de Dios’ y empezaron a aborrecerlos con gran pena y sentimiento de que tal gente sujetase su tierra sometiéndolos a todo tipo de trabajo intolerable al que no estaban acostumbrados.
El padre Las Casas describió
como “secábanseles la leche de las tetas a las mujeres paridas, y así murieron en breve todas las criaturas, y por estar los maridos apartados, que nunca veían a las mujeres, cesó entre ellos toda la generación, murieron ellos en las minas de trabajos y hambre y ellas en las estancias o granjas de lo mismo; y así se acabaron tantas y tales multitudes de gentes”…
El ‘Gran Dios Blanco’
de sus antepasados les enseñó normas de desenvolvimiento social, y se preciaban de descender de ‘Nuestro Padre el Sol’, quien les dio “preceptos y leyes en que viviesen como hombres en razón y urbanidad, para que habitasen en casas y pueblos poblados, supiesen labrar las tierras, cultivar las plantas y mieses, criar los ganados y gozar de ellos y de los frutos de la tierra como hombres racionales y no como bestias” es el relato aparecido en la página 48 de los Comentarios Reales, obra de Gracilazo Inca de la Vega.
En la página 476 de El Libro de Mormón, Nefi dice que “Tenían en común todas las cosas; por lo tanto, no había ni ricos ni pobres, ni esclavos ni libres, sino que tenían su libertad y participaban del don celestial”.4Nefi 3 Es decir, existía una economía basada en el modo de producción asiático ya analizado por Carlos Marx y por Engels en El Capital, Tomo I, Pág. 638; y analizados también por Sergio Santis en los Ensayos Marxistas sobre la sociedad Chibcha, página 108, en la cual la propiedad privada del suelo era desconocida y no había trazas de nada semejante al concepto romano de propiedad.
Federico Engels en su obra
El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, página 156, plantea que entonces la economía doméstica era comunista y común a las familias; lo que se hacia se utilizaba en común, era propiedad común la casa, los huertos, las canoas. Aquí es donde solo existe realmente la ‘propiedad fruto del trabajo personal’ que los jurisconsultos y los economistas atribuyen a la sociedad civilizada y que es el último subterfugio jurídico en el cual se apoya hoy la propiedad capitalista.
Todo lo anterior concuerda
con las narraciones como las de
El Libro de Mormón,
Anales de los Cackchiquekes,
Título de los Señores de Tetonicapa,
PopolVuh o Antiguas Historias del Quiché,
Anales de los Xahil,
Cronistas de Indias,
El Libro perdido de Enki, etc.
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