jueves, 8 de diciembre de 2011

¡Tierra a la vista!


Recuerdo -ahora y siempre- las anécdotas de mi abuelo José Solís-Moncada, entre ellas un versito ajeno que jocosamente mencionaba cada año: “Buscando paso seguro para las indias de oriente sale Colón persistente, y tal vez cabeciduro, mas no hallándolas, del puro se sale el dicho Colón pegándose un resbalón desde Bering para abajo, y nos descubre, Carajo, por pura equivocación”.

Eso aconteció en la madrugada del 
viernes 12 de octubre de 1492 
cuando el grumete de la carabela gritó 
a todo pulmón: Tierra a la vista! 

Dos personas le dieron el apoyo y la cooperación decidida al ambicioso proyecto de Colón, el Prior de la Rábida, Fray Juan Pérez y Fray Antonio de Marchena; agregando naturalmente a la reina Isabel ‘La Católica’ la protectora del vidente aventurero.

Sobre la hazaña de Colón 
existe una información poco conocida entre historiadores y escrita por un fraile benedictino de nombre Benito Jerónimo Feijoo y que se halla en el libro América en los clásicos españoles en la cual se dice que...

Luego que se ejecutó el feliz viaje del intrépido genovés Cristóbal Colón a la América, todo el mundo le atribuyó la gloria de ser el primer descubridor de aquellas vastísimas regiones. La voz común aún hoy está por él. No obstante esto, algunos transfieren la dicha de este descubrimiento a un piloto español que andaba traficando en las costas de África, y arrebatado de una violenta tempestad dio con su navío en América. Dicen que éste, de vuelta, aportó a la isla de la Madera, donde a la sazón se hallaba Colón, quien generosa y caritativamente, le acogió en su casa. Refiriéndole el piloto a Colón toda su aventura; y muriendo poco después, le dejo todas sus memorias y observaciones; sobre cuyo fundamento se animo después Colón a aquella grande empresa. Al piloto español le dan unos un nombre, y otros otro”.Miguel Aguilera, Pág. 79

Sin restar meritos 
a la hazaña del navegante italiano por el giro nuevo que diera a las ideas geográficas de su época, vale la pena recordar como 500 años antes de que el genovés nos descubriera oficialmente, un vikingo de nombre Leif, hijo de Eriko, llamado ‘El Rojo’, desembarcó en el Canadá; pero probablemente 2.500 años antes que Yoshua bar Yoze visitara sus otras ovejas, tribus hebreas procedentes de Egipto poblaron este continente.

Lo que si es sabido 
es que 600 años antes de nuestro cómputo cristiano vinieron desde Palestina gentes Lamanitas que desembarcaron en Mesoamérica y Sudamérica, según lo narran los anales de historiadores precolombinos tratados en el capítulo segundo. Recuérdese las teorías del etnólogo noruego Thor Heyerdahl y su Viaje de la Kon-Tiki para demostrar la migración primitiva americana hacia Polinesia.

Aquella madrugada 
del 12 de octubre un cañonazo disparado desde la Niña anunció que a la vista estaba la tierra que Rodrigo de Triana había avistado desde la Pinta pues este tripulante había quedado con el ojo a visor desde que Colón observó, la noche anterior, una lucecita en la lejanía lo que hacía suponer la proximidad de la costa. Surgió entonces la tierra de América, radiante, plácida, rica y consoladora, y desembarcan en un promontorio coralino llamado Guanahaní, nombre que el descubridor cambió por el de San Salvador.

Colón murió sin saber que había descubierto un inmenso continente, y creía haber arribado mas bien a las fabulosas costas de Katay y Cipango que narraba Marco Polo en el Asia.

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