Un pesebre a lo vivo
Como deduce el lector, el promedio de costo para cada vivienda era de $80.000,oo pesos, pero al poco tiempo la gente se aburría o se iba por cualquier presión y la vendía con ‘algunas mejoras y anexidades’ en $1’500.000,oo, un millón y medio de pesos.
La tercera etapa queda en la parte baja de Las Brisas y la segunda se construyó en la parte alta del declive de los terrenos, con una pendiente del 15% que en época de lluvias convierte los andenes y escalinatas, en arroyos de peligrosa corriente.
Los planes A y B de la primera etapa se construyeron en toda la parte central del barrio, alrededor de la cual se escuchaban detonaciones de dinamita que atomizaban las rocas que abundaban en el sector y cuyos fragmentos al caer perforaban las tejas de asbesto cemento de las edificaciones ya habitadas.
Los adjudicatarios acudían por la noche a las bodegas de lo que estaba en construcción para reponer la teja rota. Durante una de esas incursiones nocturnas se escuchó una detonación pero no de dinamita sino de arma de fuego calibre 38 y el celador asignado para velar sus alrededores cae mortalmente herido y queda registrado como la primera víctima en el Historial Secreto del barrio ‘Las Brisas’.
La juventud creciente incursionaba también por todos esos rodaderos de la obra en construcción y remedando a Bruce Lee mediante golpes de un karate palúdico rompían las baldosas coloradas que arrumadas al pie de los pedregales astillados esperaban la madrugada del albañil y su maestro de obra.
Más de 30 jóvenes relativamente sanos se reunían en la Calle 114 y sobre la vía de la Carrera 65, a la luz de la luna, jugaban balón pie hasta las dos de la madrugada, mucho antes de que alrededor del terminal de la ruta 264 surgieran pandillitas juveniles y un lucrativo comercio de marihuana y luego de ‘basuko’ que por arte de ´magia´ surgía de debajo de las piedras, se sacaba de los matorrales y se extendió por todo el sector endilgándole el mote de ‘Brisas del basuko’ a los barrios Boyaca-Las Brisas y sus alrededores Florencia, Tejelo, Castilla, Toscana, Zamora, Playón de los Comuneros, Belalcázar, hasta alcanzar Aranjuez y Manrique.
Diez años después muchos de aquellos muchachos locuaces, inteligentes y juguetones, han desparecido en ajuste de cuentas o vagan turuletos por el barrio que los vio crecer, donde no solamente sopla la brisa sino otras substancias que hacen de algunas esquinas ¨un chispero¨.
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